mail1 mail1 mail1 unmsm  
  • Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
  • 619-7000Anexo4002

AULA VIRTUAL

BIBLIOTECA

POSGRADO

FONDO EDITORIAL

 

Los escándalos de corrupción que sacuden al Perú deben ser afrontados en su raíz de manera tal que podamos construir un futuro con democracia y bienestar para todos los peruanos.

 

Cotidianamente, vemos aparecer en los medios de comunicación y las redes sociales denuncias de corrupción que implican a personajes de las más altas esferas en los poderes del Estado y la ciudadanía clama por su destitución, juzgamiento y drástica sanción. Los peruanos no queremos más que se continúe con el manto de impunidad que ha caracterizado, desafortunadamente, nuestra vida pública y que corroe no sólo las instituciones sino también la interacción diaria entre las personas.

Sin embargo, con la importancia que tiene perseguir el delito que se plasma en la responsabilidad individual, el problema no es sólo un problema de personas. Hemos construido un Estado y una democracia que se basa en el control de una pequeña minoría sobre el resto de la población, esta exclusión fundamental es la que genera las condiciones para que el delito se convierta en una forma de vida entre los que mandan con la imitación consecuente en el resto de la sociedad.

La república, en sus casi doscientos años de historia, no ha podido superar la herencia colonial que en este nivel tiene en el patrimonialismo una importancia central. No se distingue entre el bolsillo privado y el tesoro público. Las prerrogativas que tienen muchos de los funcionarios que deben administrar los bienes de todos, se usan como privilegios para obtener ventajas particulares. Lo vemos en las concesiones que realiza el Poder Ejecutivo, en las leyes que aprueba el Congreso, en las sentencias del Poder Judicial, en las investigaciones de los fiscales y en un largo etcétera que sería ocioso continuar.

Es más, las reglas del régimen democrático que deben servir para garantizar el acceso de la ciudadanía a la toma de decisiones políticas, se distorsionan para favorecer a unos y perjudicar a otros, convirtiendo a la postre a lo que llamamos democracia en una burla de la voluntad popular.

Esta situación debe terminar, para que al menos podamos celebrar con algo de decoro el próximo bicentenario de la independencia nacional. Para ello no basta con destituir autoridades y responsables para juzgarlos por el procedimiento respectivo. Hay que proceder a un cambio profundo en la organización del Estado y a una renovación, lo más pronto posible de los poderes públicos a través del ejercicio de la voluntad popular. Cualquier cosa menor sería una burla para la población y aseguraría que estos actos corruptos volvieran a repetirse más temprano que tarde.

¡No defraudemos al Perú! ¡Atrevámonos a una renovación profunda que nos coloque en un camino distinto para que haya futuro para las próximas generaciones!

 

Ciudad Universitaria, 23 de julio de 2018

Siguenos en:

Pronunciamiento

Multimedia

Descargas